Casas de las palabras, fonotecas, archivos orales, museos de memoria... Un sitio dedicado a las bibliotecas en comunidades indígenas.

Bibliotecas indígenas
La geografía latinoamericana está profundamente marcada por las raíces y huellas de sus pueblos originarios. “Descubiertos” por los expedicionarios europeos que se asomaban fuera de las fronteras de su propio mundo intelectual y espacial, estas civilizaciones poblaban sus tierras desde hacía milenios transitando caminos y desarrollando tradiciones culturales riquísimas, que formaban un entramado complejo, diverso y plural. Cientos de lenguas sonaban bajo esos cielos que presenciaron el devenir de estados y grupos, el nacimiento y la muerte de comunidades enteras y los conflictos y éxitos de millones de individuos.
El resultado del encuentro (o quizás del “choque forzado”) entre los recién llegados y los residentes es de todos conocido. Los libros de historia nos hablan de las batallas, de las masacres, del genocidio, de la tortura, de la humillación y del olvido que vino después, con la esclavitud, la discriminación y la exclusión.
Hablar de culturas indígenas siempre lleva al recuerdo de un pasado vergonzoso a veces, doloroso siempre. Sin embargo, tales pueblos no son un recuerdo difuso de tiempos pretéritos. A través de los siglos, sobrevivieron y supieron adaptarse -sin olvidar su identidad, en la mayoría de los casos- a las nuevas circunstancias socio-políticas, a los nuevos esquemas económicos, a las nuevas situaciones culturales y laborales, a los repartos de tierras (de sus tierras), a los estereotipos y etiquetas que les fueron aplicados en todos los grados concebibles de apartamiento. Estos sobrevivientes, estos luchadores, estos resistentes viven hoy. Y no lo hacen “entre” nosotros, sino “con” nosotros. Aunque su sangre a veces esté mestizada, aunque algunas de sus costumbres se hayan debilitado y diluido en el seno de otra cultura dominante, aunque sean considerados minorías (aún cuando en muchos casos sean mayorías demográficas), aunque se los siga evitando, aquí siguen. Luchan, defienden sus raíces y sus frutos, florecen -aunque muchos no lo quieran ver-, crean, creen, crecen y buscan ocupar el lugar que les corresponde dentro de un universo que se empeña en pensarlos como reliquias de un pasado antiguo que desapareció hace tiempo.
Aquellos que creen en las sociedades plurales y que defienden a ultranza el valor de la diversidad cultural y del multilingüismo reconocen inmediatamente la necesidad de apoyar la búsqueda de caminos de todas estas comunidades, numéricamente reducidas por los años de lucha, pero siempre animosas. Reconocen la importancia de evitar los enfoques y las perspectivas paternalistas y caritativas, las ayudas que parecen limosnas, los programas diseñados para imponer otras realidades distintas de las suyas propias. Reconocen la urgencia de actuar, de tomar partido, de dar la mano y apoyar el hombro en un trabajo que debió comenzar hace siglos pero que sigue siendo relegado a un futuro incierto.
Es preciso iniciar un acercamiento a las problemáticas reales de los pueblos originarios latinoamericanos. Más allá de las estadísticas (inter)nacionales y de las declaraciones oficiales (que suelen quedarse siempre en las buenas intenciones y pocas veces pasan a la acción), más allá de las colaboraciones de organismos que intentan ayudar desde marcos culturales e ideológicos distintos, es necesario y urgente oír la voz de aquellos con quiénes queramos colaborar. Ellos, mejor que nadie, saben cuales son sus problemas y sus carencias, saben lo que quieren para su futuro, saben lo que buscan... Ellos conocen las soluciones precisas a sus problemas, aunque, por motivos diversos, no pueden implementarlas. Oyéndolos, entendiéndolos y cooperando estrechamente con ellos (perspectiva de desarrollo de base) es como debemos iniciar cualquier programa de colaboración. No somos héroes ni salvadores: solamente manos que pretenden ayudar, colaborar, acompañar en el largo camino de recuperación de identidades y fuerzas.
La biblioteca puede (y debe) jugar un papel fundamental y decisivo dentro de la reorganización y revitalización cultural y social de las comunidades indígenas. Como pulmón cultural y gestora de memorias, nuestra institución puede realizar su aporte en procesos de recuperación de historias e identidades perdidas; fortalecimiento de la tradición oral y las lenguas amenazadas y debilitadas; promoción de la alfabetización y la educación primaria bilingües; garantía de derechos humanos básicos; difusión de información estratégica sobre salud, trabajo y desarrollo sustentable; provisión de herramientas de crecimiento y bienestar; disponibilidad de materiales para que las personas tengan oportunidad de encontrarse con diversos relatos, textos e imágenes que puedan tenderles puentes hacia sí mismos y hacia otras vida, otros lugares y otras épocas; diversión, formación e información; sin olvidar la conexión del mundo indígena con la realidad internacional. No estaremos trabajando con grupos humanos estáticos e inactivos, sino con sociedades vivas y pujantes, con muchísimos deseos de progresar, de decir sus palabras, de gritar sus voces, de cantar sus cantos y contar sus cuentos. Con ganas de aprender, de adquirir lo mejor de la cultura dominante en su propio provecho, y de dar a esa cultura lo mejor de la propia. De eso se trata el diálogo intercultural, un diálogo que, en líneas generales, ha fallado a lo largo de cinco siglos y nos ha llevado a la situación actual de aislamiento, incomunicación e incomprensión.
Desde un frío análisis bibliotecológico, una comunidad indígena se convierte inmediatamente en “usuarios” y “servicios”. Pero… ¿quiénes son esos usuarios? ¿Cómo viven? ¿Qué tienen y qué necesitan? ¿Cómo acompañarlos y colaborar con ellos para que lo consigan? Las respuestas a esas preguntas deben ser incorporadas en forma rápida a nuestros métodos de planeamiento bibliotecario, para que los resultados del mismo -la biblioteca, sus colecciones y actividades- respondan verdaderamente a las expectativas de la población indígena, ni más ni menos que como deberían responder a cualquier comunidad de usuarios. No se trata de adaptar un modelo ya usado a unas circunstancias “especiales”: los transplantes extraños suelen fracasar y ser rechazados por cualquier sistema orgánico. Se trata de crear nuevas prácticas, únicas e imaginativas, que se adapten continuamente a la evolución propia de cualquier grupo humano a través de una metodología de investigación-acción. Quizás sea saludable incorporar categorías y metodologías procedentes de otras disciplinas. De hecho, la interdisciplinariedad puede enriquecer nuestros horizontes y puntos de vista, proporcionándonos más instrumentos para la investigación y la actividad, además de nuevas y valiosas perspectivas de la realidad.
Los contenidos de este sitio web (en especial los libros digitales) pretenden dar algunas directrices sobre el trabajo bibliotecológico con comunidades indígenas, así como fomentar el pensamiento independiente, la discusión de ideas y el planteamiento de nuevas posibilidades. Pretenden superar barreras seculares, abrir caminos y sendas, propiciar la reflexión y la iniciativa. Y, por sobre todas las cosas, pretenden presentar un concepto muy básico pero muy olvidado: igualdad. Cuando los pueblos, las sociedades y los individuos logran verse cara a cara, de igual a igual, etiquetas como “especiales” desaparecen, y sólo quedan personas que deben darse la mano para continuar caminando en conjunto, en equipo, como compañeros y no como rivales. Entendiendo y superando las diferencias, por un lado, y buscando y descubriendo las coincidencias por el otro, pero a la vez.
Esa tiene que ser la mayor fortaleza de una biblioteca: mostrar y demostrar que “nosotros” somos como “ellos” y “ellos” son como “nosotros”. Que no existen “bibliotecas indígenas” y “bibliotecas no indígenas”, sino “bibliotecas”. Y que no hay “mi mano”, “tu mano” y “su mano”, sino “nuestras manos”. Y nuestra imaginación.
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